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¿Cómo se organiza el cuerpo?

Publicado el Viernes, 20 Julio 2012
Última actualización en Sábado, 23 Febrero 2013

Comparando el orden de la Vida con el orden establecido en el mundo, se hace evidente que debemos el estado conflictivo del mundo al hecho de que su organización está basada en los principios interesados y arbitrarios del ego. Y cuando prestamos atención a las consecuencias del poder del ego en la conducta del ser humano, es evidente que la inminente animación orgánica nos está mostrando de mil maneras que los principios interesados que determinan el funcionamiento del mundo no son solamente injustos, sino además inviables, ineficaces e insalubres.

Los poderes fácticos del mundo nos hacen creer que el ser humano es una especie egoísta, por lo que tendríamos que controlarnos mutuamente para hacer que las cosas funcionen. Basándonos en los sistemas del poder y del control experimentamos, sin embargo, que perdemos el poder y el control sobre la propia vida, por lo que nos sentimos impotentes e insatisfechos. Y resulta que nos hacemos así manipulables e irresponsables y, además, inconscientes, prepotentes, violentos y corruptos.
I Ching explica que el ser humano pierde el camino y daña su propio ser cuando se deja guiar por el principio Receptivo (es decir, por el apego a lo material debido al no abrirse a lo Creativo y al no dejar que las cosas se transformen de un modo natural). Y advierte que para vivir en consonancia con las leyes universales que rigen la Vida, debemos guiarnos en cada momento por las indicaciones del principio Creativo que actúa desde el interior de cada persona, dado que “al entregarse y seguir lo Creativo alcanza la posición duradera que le cuadra”.
Todos poseemos nuestro propio guía Creativo, afirma I Ching. Para percibir sus consejos tenemos que prestar atención a nuestros sentimientos íntimos, ser sinceros con nosotros mismos, reconocer y respetar nuestras limitaciones, escucharnos y superar nuestros sentimientos negativos liberándonos de los tentáculos del ego (miedos, impaciencia, autoengaño, apariencia, indiferencia, orgullo, prepotencia, engaños, injusticia, lucro ilícito,...).
I Ching asegura que tomaremos conciencia de cómo somos cuando hagamos caso a todo aquello que nos sienta verdaderamente bien y cuando superemos desde dentro nuestras dudas, nuestras dificultades y nuestras limitaciones. Percibiendo las directrices del principio Creativo en nuestro interior y siguiéndolas, vamos realizando paso a paso nuestro verdadero ser y se modifica nuestra conducta de un modo duradero y fiable.
Siempre que afrontamos la vida inspirados por las indicaciones de lo Creativo, mantenemos espontáneamente el equilibrio vital y evolucionamos realizándonos. De esta manera la vida nos satisface porque nuestras vivencias hacen que nos renovemos y nos vitalicemos constantemente. Además, surgen así sistemas de convivencia basados en principios universales que activan espontáneamente determinados mecanismos naturales en el interior de cada uno cuyos efectos superan con creces nuestras expectativas (como, de nuevo, acaba de demostrar el equipo de futbol de “La Roja”, por ejemplo).
Para encontrar un sistema satisfactorio y mantener en él una dinámica renovadora y vitalizadora hace falta prestar mucha atención, tanto a las indicaciones de lo Creativo en nuestro interior, como a los efectos de la inminente animación orgánica que se expresan a nuestro alrededor. Y para introducir sistemas nuevos hace falta mucha confianza en sí mismo y en la vida, además de tener la confianza de los demás y el tiempo para demostrar la viabilidad y eficacia del nuevo sistema.

Sin embargo, podemos ir sobre seguro aprendiendo del sistema fisiológico global ya que éste enseña cómo se mantiene el orden en el cuerpo. Por eso, cuando buscamos las analogías con la vida en la sociedad, la fisiología se revela como un gran Maestro. Muestra lo que cada órgano tiene que hacer para que las cosas funcionen de un modo fluido, enseñando al mismo tiempo cómo y por qué consiguen de esta manera lo mejor para el conjunto del organismo. Asimismo se manifiesta en el cuerpo que para dar lo mejor de sí, cada órgano y cada célula tienen que estar en condiciones para proveerse de lo que precisan para dedicarse a sus labores específicas.
En un cuerpo sano no hay luchas de poder ni competición sino competencias y cooperación, y una eficiencia productiva y energética que llama la atención a los fisiólogos. Estudiando el modelo de comportamiento de los diferentes sistemas fisiológicos, los argumentos con respecto a cuáles son las competencias de unos órganos y cuáles las de otros salen solos y se hace evidente que, respetando sus respectivas competencias, la cooperación y eficacia surgen por sí mismas.
En cambio, los procesos patológicos enseñan claramente lo que ocurre cuando determinado sistema no encuentra en las condiciones dadas aquello que precisa para dedicarse a sus competencias. Es increíblemente revelador que entonces sí surgen también en el cuerpo luchas de poder en las que unos órganos obstruyen el ejercicio de las funciones de otros y que esto les perjudica tanto a estos sistemas funcionales mismos como a la funcionalidad del conjunto del cuerpo.
Al tener en cuenta las características, propiedades e influencias correspondientes a cada uno de los Cinco Elementos y observando cómo ejercen sus funciones en el cuerpo, podemos deducir los principios universales que determinan las condiciones que hacen falta para ejercer estas funciones satisfactoriamente en la vida familiar, social o laboral. Asimismo se facilita así que reconozcamos los principios morales, energéticos y económicos que producen, por sí mismos, sistemas de organización coherentes en los que la libertad individual no está reñida con un desarrollo satisfactorio de todos los miembros del grupo ni con la funcionalidad del grupo mismo.

Modelo global del orden vital

La fisiología de la medicina china da una visión global de la organización funcional de nuestro organismo en la que se ordenan las labores correspondientes a los Cinco Elementos. Cada Elemento ejerce determinadas funciones para el bienestar general del cuerpo y las mismas muestran los principios elementales que mantienen la salud y la cohesión de cualquier otro organismo.
En los artículos 4 y 5 del bloque Dinámica Vital, hemos visto algunas características básicas de las influencias que las fuerzas naturales Agua, Fuego, Viento y Trueno ejercen en el planeta Tierra y sus habitantes. Según la medicina china, estos Cinco Elementos cumplen con determinadas funciones fisiológicas a través de los órganos Riñón, Corazón, Hígado, Pulmón y Bazo-Páncreas (sistema digestivo desde la boca hasta el ano).
Hemos visto que siempre que los Elementos cooperan complementándose mutuamente, surge una dinámica natural que mantiene el equilibrio Yin-Yang y, por tanto, la salud. La Inteligencia de la Vida necesita dicho equilibrio para que la inminente animación orgánica haga en cada momento aquello que el organismo requiere para autogestionarse. Y cuando los Elementos se complementan mutuamente, el Elemento Tierra se encuentra en el centro de las influencias de las fuerzas naturales activas (los Elementos Agua, Fuego, Madera y Metal).
Así que, en el diagrama del Ciclo Cosmológico se visualiza la dinámica saludable de la fisiología global. Y para entender la dinámica fisiológica, hay que tener presente que el sistema digestivo (Tierra) se encuentra en el centro, entre los órganos Riñón (Agua) y Corazón (Fuego) del eje vertical, y entre los órganos Hígado (Madera) y Pulmón (Metal) del eje horizontal. 

De esta manera se ve reflejado que la digestión de los alimentos sostiene la vitalidad de los órganos correspondientes a los Elementos activos cuyas funciones mantienen la salud del cuerpo entero, y que el sistema digestivo recibe de estos órganos determinadas aportaciones para poder ejercer su labor digestiva.
La dinámica en el eje vertical se determina por un movimiento ascendente y descendente que posibilita la circulación del bien común por todo el organismo. Y el bien común se produce en el ámbito terrenal gracias al movimiento de entrada y salida que determina la dinámica en el eje horizontal.
Como dice I Ching, el Elemento Agua indica la dirección de las labores de los demás Elementos al poseer la capacidad de dar forma a lo Creativo del Cielo. Esto se visualiza en el trigrama Agua donde la línea continua de lo Creativo ocupa el puesto central mientras que dicho principio vital se encuentra acogido por abajo y por arriba por líneas discontinuas que representan al principio Receptivo.
Gracias a su gran receptividad, el Elemento Agua es capaz de formar la materia viva de acuerdo con las directrices energéticas y espirituales de lo Creativo del Cielo y sabrá cuidar de la misma respetando el espíritu original del ser, siempre que se dirija por las indicaciones de lo Creativo del Cielo.
En el cuerpo el Elemento Agua condiciona y dirige mediante la labor del Riñón la circulación de la sangre (Corazón) y de los líquidos corporales por el organismo. Como vamos a ver en el siguiente artículo, las estructuras anatómicas que forman parte del “Riñón” en medicina china, explican que actúa mediante los riñones y la vejiga y, además, mediante el sistema nervioso central, el sistema hormonal directivo (hormonas procedentes de la glándula pineal, el hipotálamo y la hipófisis), los huesos y la médula ósea y el sentido de la audición.
Además, el Elemento Agua condiciona y nutre al Elemento Madera (la materia orgánica) por lo que la labor del Riñón condiciona y nutre las funciones que el hígado y la vesícula biliar ejercen en el cuerpo. Según la medicina china, el Hígado almacena y nutre la sangre, procurando que el bien común del organismo llegue a cada rincón.
Para ejercer sus funciones transformadoras, formadoras y divulgativas, el Hígado necesita las aportaciones del Elemento Metal. Este Elemento corresponde a las condiciones en el medio externo. Éstas proporcionan el oxígeno, los minerales y los electrolitos que entran en el organismo gracias a la labor de las vías respiratorias, los pulmones y el intestino grueso, órganos a los que la fisiología global de la medicina china se refiere con “Pulmón”.

Así que, según el orden de la Vida que se observa en el cuerpo, lo Creativo del Cielo condiciona y dirige al Elemento Agua y éste condiciona y dirige, a su vez, al Elemento Fuego. Se produce así una dinámica reguladora entre ambos que hace que el bien común circule por el Elemento Tierra que se encuentra en el centro.
El Elemento Tierra posibilita que el bien común se renueve constantemente al alimentarse con los productos que encuentra a su alrededor, en los Elementos Metal y Madera. Inspirado y condicionado por las directrices del Elemento Agua y abrigado por el calor e iluminado por la luz del Elemento Fuego, el Elemento Tierra transforma los alimentos con la ayuda de los Elementos Madera y Metal que posibilitan el metabolismo gracias al principio de entrada y salida que determina la dinámica entre ambos.
Cómo funciona todo esto en la práctica, lo vamos a ver globalmente en artículos consecutivos.

En los artículos sobre la fisiología global en el eje vertical he intentado transmitir de una forma sencilla y clara lo que la fisiología del Riñón y del Corazón aclara sobre la labor directiva y ejecutiva.
En el siguiente artículo nos detendremos en lo que la fisiología enseña sobre la función “Tierra” que tenemos cada uno individualmente y la humanidad colectivamente en la interacción fluída entre los Elementos Agua y Fuego (Riñón y Corazón), y asimismo en la satisfacción de las necesidades de los tejidos sociales (Madera), laborales (Tierra) y productivos (Pulmón) en el eje horizontal del Ciclo Cosmológico.
Y en un futuro veremos, además, lo que la fisiología enseña sobre el papel de los órganos en el eje horizontal cuyas funciones renuevan a diario el bien común del organismo.

 

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