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2. ¿Cómo surgen los círculos viciosos?

Publicado el Martes, 08 Noviembre 2016
Última actualización en Jueves, 20 Julio 2017

El llamado Ciclo Cosmológico muestra el orden autogestor y autocorrector de la naturaleza, el orden del Tao. Este orden se manifiesta por ejemplo en el equilibrio ecológico y en la fisiología. En el centro de la “flor” del Ciclo Cosmológico (ver imagen), la Tierra mantiene el equilibrio Yin-Yang al ubicarse en el cruce de las líneas que representan el cauce de la corriente de influencias beneficiosas generadas por la interacción entre las fuerzas primordiales de la naturaleza. En el eje vertical las fuerzas complementarias Agua (Yin) y Fuego (Yang) y en el eje horizontal las fuerzas complementarias Metal (Yang) y Madera (Yin) interactúan entre sí. Surgen así los ciclos vitales de regulación que mantienen el equilibrio Yin-Yang del Elemento Tierra (planeta y sus habitantes). Éste, al estar en el centro de la interacción entre estas fuerzas complementarias, se nutre de las influencias beneficiosas de todas ellas.

dinamica autoreguladora

La dinámica de regulación en el Ciclo Cosmológico

Cuando estamos centrados, recibimos las influencias beneficiosas de las fuerzas activas de la naturaleza, igual que el planeta. Estas influencias nos inspiran, nos vitalizan, nos regulan y nos renuevan constantemente. Gracias al principio Yin-Yang, recibimos las influencias beneficiosas de la interacción Agua-Fuego y de la interacción Metal-Madera siempre que nos arraigamos en nuestro ser y nos comunicamos con lo Creativo en nuestro interior. Percibimos estas influencias cuando “fluimos con la vida” al vivir aquí y ahora y cuando “las cosas fluyen por sí solas” al prestar atención a lo que estamos haciendo.
La dinámica reguladora de las transformaciones Yin-Yang constituye el trasfondo de la relación común y la armonía que existe entre el macrocosmos y el microcosmos (ver I Ching, pp. 367-370). En el universo y en la Tierra, el orden del Tao rige todos los aspectos de la vida al determinarse estos por la interacción Yin-Yang que mantiene el equilibrio. Al interactuar lo Receptivo (Yin) de la Tierra con lo Creativo (Yang) del Cielo, se posibilita que lo Creativo transforme y modifique constantemente cualquier manifestación de vida y que ésta, renovándose, se vuelva a vitalizar.

La expulsión del paraíso

I Ching explica (enlace al art. 1) que el ser humano se desentiende del orden del Tao, si “lo Receptivo pretende avanzar por sí mismo” y el “vano trajinar autónomo” distorsiona la comunicación con lo Creativo en su interior. En tal caso nos apartamos del centro de la dinámica en el Ciclo Cosmológico. Por impaciencia y pre-potencia, nosotros mismos nos expulsamos del paraíso creado por la interacción Agua-Fuego y la interacción Madera-Metal en el Ciclo Cosmológico. Y al no vivir en consonancia con esta dinámica natural de regulación, transgredimos las normas universales del orden del Tao por lo que causamos todo tipo de desequilibrios Yin-Yang.
Al descentrarnos (Elemento Tierra), se altera la interacción armonizadora entre los Elementos que corresponden a las cuatro fuerzas activas de la naturaleza, y se genera una dinámica en la que el Elemento Tierra se coloca entre los Elementos Fuego y Metal (ver segunda imagen). Al descentrarnos, surge el pentágono cuya dinámica de nutrición (“Madre-Hijo”) se determina por el Ciclo de Generación y cuya dinámica de regulación (“Abuelo-Nieto”) se determina por el Ciclo de Control.
En la secuencia pentagonal de los Elementos, las flechas exteriores señalan la relación entre los Elementos en el Ciclo de Generación. La estrella en el interior corresponde al Ciclo de Control. En ella, la dirección de las flechas indica la relación de poder entre los Elementos complementarios. Ésta puede ser de explotación (flechas a favor de las agujas del reloj) o de oposición (flechas en contra).

Consecuencias perdida equilibrio

Consecuencias de la pérdida del equilibrio Yin-Yang

Se visualiza así que, al descentrarse el Elemento Tierra, la persona se nutre sólo de las influencias del Fuego (corazón y mente) y que controla, manipulándolas, las influencias de lo Creativo (Agua) en su interior. Al faltarle las influencias beneficiosas de los otros Elementos, su amor y conciencia (Fuego) disminuyen por falta de seguridad (Metal), confianza (Agua) y libertad creativa (Madera).
Debido a su impaciencia y pre-potencia (Fuego desequilibrado), uno se guía por sentimientos negativos, especulaciones y criterios inconsistentes que alimentan sus miedos (Agua). Se genera así un círculo vicioso porque los miedos obstruyen el sincero sentir y, por tanto, la conexión con lo Creativo cuyas influencias fomentan la confianza en sí mismo y la conciencia de sí (Agua). La falta de confianza y autoestima hace que los miedos, el trajinar autónomo (Fuego) y las preocupaciones (Tierra) aumenten.

Los dos primeros círculos viciosos

Se genera el primer círculo vicioso si “lo Receptivo pretende avanzar por sí mismo” al tomar la mente el mando sobre el corazón. Se obstruye así la interacción Agua-Tierra-Fuego que corresponde a la interacción entre lo Creativo y lo Receptivo en el interior de la persona (Tierra). Al obstruirse nuestra conexión con lo Creativo del Agua, “el vano trajinar autónomo” nos hace comportarnos como la Madre del Elemento Metal en el Ciclo de Generación.
Se provoca así el surgir del segundo círculo vicioso, donde se perturba la interacción Metal-Tierra-Madera en el eje horizontal del Ciclo Cosmológico. En este círculo vicioso se obstruye la recepción de las influencias beneficiosas de los Elementos Metal (seguridad) y Madera (creatividad). En este caso, nos comportamos literalmente como si fuéramos la “madre” del Metal, no en el sentido de respetar su identidad, sus cualidades y sus funciones, sino en el sentido de actuar como si sus bienes fueran de nuestra propiedad y tuviéramos derecho a modificar su identidad y contravenir las normas de conducta del sentido de la justicia.
El orden del mundo no respeta para nada al Elemento Metal cuya función consiste en generar y regenerar las condiciones materiales que permiten la Vida en el planeta Tierra, y cuyos atributos sensitivos nos orientan en el mundo y ayudan a mantener el equilibrio Yin-Yang mediante el sentido de la justicia y el sentido común. Al alterar y apropiarnos de los bienes terrenales del Metal, hacemos daño a la vida en el planeta de cuyo desarrollo se encarga el Elemento Madera, la fuerza complementaria del Metal.
En la medida en que nos desvinculamos de lo Creativo en nuestro interior (Agua), nos apropiamos de los bienes del Metal para obtener el poder y los medios suficientes para cambiar el mundo a nuestro antojo, y sustituimos las leyes eternas de la Vida por “las reglas del juego” de los sistemas que organizan el mundo. En vez de compartir y salvaguardar las aportaciones del Metal y respetar las normas universales del sentido de la justicia que sirven para mantener el equilibrio Yin-Yang en el mundo, el poder crea así “su” mundo particular.
El poder de la mente fomenta el creernos los dueños del Elemento Metal y, creyéndonoslo, asumimos funciones que no pertenecen al Elemento Tierra. Por ejemplo, las funciones que atribuimos a los gobiernos emanan de lo que I Ching llama “el vano trajinar autónomo” del hombre. En vez de seguir a lo Creativo y guiarse por sus directrices, en el mundo humano los gobiernos legislan para determinar las reglas del juego que controlan las circunstancias y el libre albedrío de las personas. Cualquier sistema autoritario administra sus poderes y parte de la convicción de que las leyes sirvan para dirigir y manipular la conducta humana a fin de que todo cuadre y encaje según lo previsto y que funcionen las reglas del juego establecidas.
De esta manera se genera el segundo círculo vicioso que se manifiesta cuando estamos estresados debido a la sobrecarga de responsabilidades que no nos pertenecen. Como veremos cuando tratemos este círculo vicioso, en la vida cotidiana a menudo actuamos inconscientemente como si fuéramos “la Madre” del Elemento Metal.

Se obstruye así la dinámica fluida del Ciclo Cosmológico

Al no acoplarnos a las transformaciones impulsadas por la interacción Agua-Fuego en el eje vertical del Ciclo Cosmológico, nos alejamos de nuestro verdadero ser (Madera) y perdemos el camino en las circunstancias cambiantes (Metal). En vez de aprovechar las transformaciones que se generan en el eje horizontal gracias a la interacción entre las condiciones materiales (Metal) y las condiciones sociales que surgen en la convivencia de seres vivos (Madera), el orden del mundo fomenta el control de las circunstancias y la inmovilización de las transformaciones naturales. Debido a ello, empeoran no sólo las condiciones materiales del planeta sino también las condiciones sociales de la humanidad. De ahí que I Ching habla del vano trajinar autónomo del hombre.
Al obstruirse la Fuente Vital del Agua (lo Creativo), el Elemento Tierra se congestiona. Nos congestionamos cuando nos pre-ocupamos, en vez de ocuparnos prestando atención y abriéndonos interiormente para percibir las indicaciones de las fuerzas naturales. Si no les escuchamos, disminuyen la seguridad (Metal), la confianza (Agua), la creatividad (Madera), el amor y la conciencia (Fuego) que necesitamos para realizarnos de forma satisfactoria (Tierra). Debido a ello surgen sentimientos y pensamientos negativos que, si nos dejamos guiar por ellos, dan lugar a una espiral de círculos viciosos que van obstruyendo cada vez más la Fuente Vital de lo Creativo en nuestro interior.
El pentágono de los Cinco Elementos representa la dinámica que surge cuando perdemos el equilibrio Yin-Yang. En el pentágono se visualiza que la interacción fluida (8) entre los Elementos Agua-Tierra-Fuego que hay en el eje vertical del Ciclo Cosmológico, se convierte en una dinámica que forma un triángulo. Lo mismo ocurre con la interacción fluida entre los Elementos Madera-Tierra-Metal en el eje horizontal (∞). Además, si el Elemento Tierra se desvincula del todo de la interacción Yin-Yang entre las fuerzas complementarias de la naturaleza (Agua-Fuego y Metal-Madera), surge una oposición muy destructiva en contra de la dinámica natural que se manifiesta en dos triángulos más, entre los Elementos Metal-Fuego-Agua (3º) y entre los Elementos Madera-Metal-Fuego (5º). Se señala esta oposición al invertir la dirección de las flechas en los triángulos correspondientes. El cuarto triángulo surge debido a una dinámica en la que se alternan la explotación y la oposición entre los Elementos Agua-Madera-Tierra.

El desarrollo de los círculos viciosos

Los triángulos que surgen debido a la dinámica en el pentágono, pueden interiorizarse. Si la dinámica nociva se instaura en el interior, se generan determinados círculos viciosos que aparecen sucesivamente al desvincularnos de la dirección, inspiración y conciencia que encontramos cuando nos mantenemos en el centro de la interacción entre los Elementos Agua y Fuego.
El primer círculo vicioso se determina por la dinámica Fuego-Tierra-Agua que surge debido al desequilibrio mente-corazón en el Elemento Fuego. Los efectos nocivos de este desequilibrio nos sientan mal por lo que podremos sacar la lección de vida que enseña que la impaciencia nos lleva por mal camino. Si no aprendemos esta lección, surge el segundo círculo vicioso.
En este círculo vicioso nos regimos (Tierra) por el “vano trajinar autónomo” de la mente por lo que provocamos el desequilibrio determinado por la dinámica Tierra-Metal-Madera cuyos efectos nos hacen cargarnos con responsabilidades ilícitas. Éstas nos mantienen en un estado de pre-ocupación que dificulta el ocuparnos de lo que estamos haciendo aquí y ahora. Debido a las preocupaciones, disminuye nuestra atención y libertad de acción. Si aprendemos esta lección, nos centraremos.
Si no nos centramos, la preocupación lleva al tercer círculo vicioso que se determina por el desequilibrio del Elemento Metal. Cuando este Elemento se desequilibra, no hacemos caso a nuestro sentido de la justicia sino que nos ocupamos del tener y renegamos de nuestro ser (Tierra). Se genera así la dinámica Metal-Fuego-Agua en la que abusamos del poder de la mente y afrontamos la vida buscando la satisfacción de nuestros intereses particulares. Sin embargo, el abuso de poder no logra satisfacernos sino que incrementa nuestra inseguridad y apego a lo material. El poder del ego que rige la dinámica de oposición en el triángulo Metal-Fuego-Agua impide que realicemos nuestro ser por lo que nos sentimos constantemente inseguros e insatisfechos.
Si nuestra insatisfacción no hace que nos rectifiquemos, perdemos el camino y vamos a actuar como autómatas. En el cuarto círculo vicioso, la inminente animación orgánica activa los Elementos Agua y Madera cuya naturaleza Receptiva estimula la activación de nuestro estado receptivo Montaña (Tierra), el estado que surge cuando nos paramos. Si nos paramos, percibimos las influencias beneficiosas de los Elementos Agua y Madera. Los estímulos de la naturaleza (Madera) facilitan que nos demos cuenta de las causas de nuestra insatisfacción y que lo Creativo (Agua) ayude a superarlas.
En cambio, si no nos paramos en el cuarto círculo vicioso, pasamos por él conducidos por un piloto automático. La tensión interior que se acumula así, la descargamos en el siguiente círculo vicioso, dejándonos llevar por la frustración y la ira del Elemento Madera desequilibrado. Entonces, se activa el triángulo Madera-Metal-Fuego cuya dinámica de oposición produce estallidos y comportamientos violentos en el quinto círculo vicioso.

Desde pequeños, pasamos por estos círculos viciosos. Al experimentar sus efectos nocivos, aprendemos a vivir de modo satisfactorio y ser leales a nuestro verdadero ser. Pero al tener una mente poderosa y vivir en un mundo que se rige por intereses materiales y egoístas, los acontecimientos en nuestras vidas nos tientan a menudo a ir en contra de los ciclos vitales por lo que nos apartamos del orden del Tao. De ahí que pasamos una y otra vez por el recorrido de círculos viciosos hasta lograr conducirnos por el cauce de la dinámica reguladora del Ciclo Cosmológico y vivir en consonancia con los ciclos vitales determinados por esta dinámica.
Igual que las demás especies, conocemos el orden del Tao por naturaleza. Gracias a ello, sabemos cuándo erramos y buscamos el camino que nos proporciona bienestar, satisfacción y paz. No obstante, dado que nos enredamos una y otra vez en los círculos viciosos, la mente humana tiene que aprender mucho para llegar a tomar conciencia de nuestras limitaciones y de la ayuda que recibimos gracias a la conexión con lo Creativo en nuestro interior.
En principio, la dinámica en cada círculo vicioso es siempre la misma. Sin embargo, en la medida en que nos insensibilizamos, sus consecuencias se agravan en cada nueva vuelta. Se genera así una espiral de disfunciones que puede hacer que la impaciencia (Fuego) se interiorice y conduzca poco a poco a la ansiedad, que las preocupaciones (Tierra) lleven a la obsesión, que la inseguridad (Metal) lleve al abuso de poder, que el miedo (Agua) lleve a la pérdida de autoestima y autonomía y que la frustración y la ira (Madera) lleven a la violencia.

Las “lanzas” de la dinámica en los círculos viciosos

Los triángulos correspondientes a los círculos viciosos, tienen la forma de una lanza. Ésta visualiza el hecho de que se produce una acumulación de “basura” –actitudes negativas- en las “puntas de lanza” cuya ubicación en los diferentes triángulos señala al Elemento más perjudicado en determinado círculo vicioso.
En los artículos dedicados a los diferentes círculos viciosos, resaltamos estos triángulos mediante las flechas de color rojo en la imagen del pentágono. Pero antes de desentrañar lo que ocurre en cada círculo vicioso, veamos globalmente lo que indica la forma de cada una de las “lanzas” formadas por los cinco triángulos que hay en el pentágono.

  1. El poder de la mente establece un triángulo Fuego-Tierra-Agua.
    El Elemento Fuego desequilibrado (impaciencia) toma el poder sobre su “Hijo” (Tierra) y “Abuelo” (Agua). La dinámica de explotación en este triángulo genera el primer círculo vicioso. Se forma así una “lanza” que apunta al Elemento Agua, indicando que las actitudes negativas del poder de la mente obstruyen la recepción de las indicaciones de lo Creativo en nuestro interior por lo que se obstruye la fuente de nuestra confianza.
  2. La sobrecarga establece un triángulo Tierra-Metal-Madera.
    El Elemento Tierra desequilibrado (pre-ocupación) toma el poder sobre su “Hijo” (Metal) y “Abuelo” (Madera). Esta dinámica de explotación genera el segundo círculo vicioso. Aquí la “lanza” apunta al Elemento Madera e indica que las actitudes negativas dañan la esencia de nuestro ser, al obstruir la recepción de las influencias beneficiosas del Elemento Madera por lo que se obstruye la fuente de nuestra libertad creativa.
  3. El poder del ego instituye un triángulo Metal-Fuego-Agua.
    El Elemento Metal desequilibrado (inseguridad y abuso de poder) toma el poder sobre su “Abuelo” (Fuego) e “Hijo” (Agua). La dinámica en este triángulo excluye al Elemento Tierra (las personas) y se opone a las influencias naturales de los Elementos implicados. Es el círculo vicioso del orden del mundo cuya “punta de lanza” señala que la negatividad reinante obstruye las influencias del Elemento Fuego por lo que su dinámica envicia el corazón y la mente, enviciando así la fuente de nuestro amor y conciencia.
  4. El triángulo Agua-Madera-Tierra surge cuando nos encontramos perdidos.
    El Elemento Agua desequilibrado (miedo) toma el poder sobre su “Hijo” (Madera) y “Abuelo” (Tierra). La dinámica creada en este triángulo, aparece cuando el orden del mundo determina nuestros criterios de conducta por lo que poco a poco nos perdemos y llegamos a renegar de nosotros mismos. Aquí la “punta de lanza” señala al Elemento Tierra e indica que la adaptación al mundo se vuelve en contra de nuestro ser, al destruir nuestro libre albedrío y hacernos actuar como autómatas.
  5. La violencia se da en el triángulo Madera-Metal-Fuego.
    El Elemento Madera desequilibrado (frustración e ira) toma el poder sobre su “Abuelo” (Metal) e “Hijo” (Fuego). Si al sentirnos perdidos no procuramos reencontrarnos, del cuarto círculo vicioso nace otro más destructivo aún, el círculo vicioso de la violencia. En él nos abandonamos al echar la culpa de todos nuestros males a otros y a las circunstancias. Este triángulo excluye también al Elemento Tierra, indicando así que esta dinámica desemboca ocasional o paulatinamente en comportamientos inhumanos.
    La dinámica de oposición Madera-Metal-Fuego surge debido a la negación de nuestro ser, y su “punta de lanza” señala al Elemento Metal. Esto indica que su efecto destructivo afecta a nuestro entorno y a las personas a nuestro alrededor.

La espiral destructiva de los círculos viciosos

Los círculos viciosos se repiten una y otra vez y su sucesión puede generar una espiral que condiciona nuestras vidas de menos a más. Desde pequeños, nos adaptamos a los patrones de convivencia en nuestro entorno y poco a poco podemos alejarnos así de nuestro verdadero ser. Y en la medida en que nos alejamos de nosotros mismos, nos sentimos insatisfechos, inseguros, desconfiados, inquietos, miedosos, frustrados, enfadados, irritables y poco libres.
Si al sentirnos así, no nos paramos para preguntarnos lo que nos pasa, o bien, no nos tomamos el tiempo para aclararnos y centrarnos, pasamos de un círculo vicioso al siguiente, padeciendo los síntomas de cada uno de ellos. Al principio levemente y de forma ocasional, pero si nuestro malestar (Tierra) y el sufrimiento de nuestra alma (Madera) no hacen que nos paremos para reflexionar y rectificarnos, volvemos a pasar por el mismo recorrido de círculos viciosos y sus síntomas se agravan en cada nueva vuelta.
En la medida en que nos enredamos en los círculos viciosos, nos encontramos insatisfechos y confusos y nos volvemos conflictivos. Los sinsentidos y las calamidades causadas por el orden egoísta del mundo, muestran la espiral destructiva que se genera si no nos paramos en el estado receptivo Montaña para restablecer la conexión con lo Creativo en nuestro interior.
Lo Creativo es una fuerza muy poderosa y perseverante que no nos abandona nunca. Para activar su ayuda, I Ching recomienda “abrirte, tranquila y constantemente, a los estímulos que afluyen hacia ti desde las profundidades de las fuerzas creativas en tu interior.”

 

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