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6. Encontrarse perdido. 4º Círculo vicioso

Publicado el Martes, 31 Mayo 2011
Última actualización en Martes, 06 Diciembre 2016

Podemos sobrevivir en el inhóspito mundo del poder del ego gracias a nuestro piloto automático. Pero para poder vivir, necesitamos desconectarnos de él y enchufarnos a nuestro verdadero ser.
El ego nos deshumaniza. Para volver en sí necesitamos el contacto con la naturaleza y el calor humano de nuestra vida social y cultural (Madera). De esta manera activamos intuitivamente la dinámica constructiva Madera-Tierra-Agua, cuyas influencias evitan que nos perdamos. El Elemento Madera (árbol) se encarga del desarrollo de la vida. Representa las cualidades intrínsecas de la Naturaleza cuyas influencias conectan los seres vivos con su esencia y con la Fuente Vital (Agua) en el interior de cada uno (Tierra). En nuestro estado receptivo (Montaña) retomamos el pulso con la vida en el eje horizontal (∞), en nuestro estado creativo (Lago) disfrutamos de la vida social y cultural, donde el “brazo de Madera” (ver imagen) nos conduce hacia nuestro interior (Agua). Gracias a ello, nuestra naturaleza (Madera) nos vuelve a colocar en el centro del Ciclo Cosmológico y posibilita así que las aportaciones del Elemento Agua nos nutran y nos dirijan hacia la luz (Fuego).


En la dinámica de regulación del Ciclo Cosmológico, el cauce establecido por la Inteligencia de la Vida conduce del Elemento Madera (árbol) al Agua de modo que el ciclo vital Metal-Madera del eje horizontal (∞) se comunica con el ciclo vital Agua-Fuego del eje vertical (8). Como muestra el tramo remarcado en la siguiente imagen, nos mantenemos (Tierra) en el centro de la dinámica en ambos ejes al abrirnos al Elemento Madera cuyas influencias nos conducen hacia lo Creativo en nuestro interior (Agua).

dinamica autorreguladora verde

El "brazo" que sale del Elemento Madera

El “brazo” que el Elemento Madera “echa sobre el hombro” del Elemento Tierra (planeta y habitantes) en el centro, ilustra muy bien cómo la naturaleza y el calor humano despiertan los sentidos adormecidos por la dinámica del poder del ego. Si nos guiamos por nuestros sentidos (Metal), la Naturaleza (Madera) nos acoge en su seno y “echa su brazo sobre nuestro hombro” para llevarnos hacia la Fuente Vital de lo Creativo en nuestro interior (Elemento Agua). Guiados por las aportaciones de Madera, nos arraigamos en nuestro ser tal como las plantas se arraigan en la tierra. E, igual que ellas, en el “agua subterránea” encontramos lo que necesitamos para poder realizarnos (Tierra).

El hexagrama dedicado al Elemento Madera: Lo Suave

En este hexagrama (nº 57), I Ching aclara cómo actúa el Viento. Esta fuerza primordial se encarga del desarrollo del reino vegetal y animal que es “la viviente manifestación de la energía del Tao” en el planeta Tierra.
El trigrama Viento trigrama viento muestra que lo Receptivo (1ª línea) determina su naturaleza y que lo Creativo dirige su movimiento (2º línea) y sus obras (3ª línea). Al entregarse a las directrices de lo Creativo del Cielo, el Viento actúa con una suavidad que, no obstante, penetra en la materia de por sí rígida e inmóvil, como el árbol (Madera) lo hace con sus raíces. En este hexagrama, I Ching describe las cualidades intrínsecas del Viento así:
“En la naturaleza, lo que dispersa las nubes acumuladas y da lugar a una serena claridad del cielo, es el viento. En la vida humana se trata de la penetrante claridad del juicio que aniquila todas las sombrías segundas intenciones. En la vida de la comunidad es el poderoso influjo de una eminente personalidad que pone al descubierto y dispersa todas las maquinaciones que huyen de la luz.”
“La insistente penetración engendra efectos paulatinos y poco aparentes. No es cuestión de obrar recurriendo a métodos violatorios, sino al ejercicio de una ininterrumpida influencia. A fin de poder obrar de este modo es preciso tener una meta definida. (…) Lo insistentemente penetrante del viento se basa en su acción incesante. Por ello se hace tan poderoso. Recurre al tiempo como medio para su acción.”
Tanto el viento como las raíces de un árbol, se adaptan a las circunstancias pero éstas no cambian su meta. La meta de las raíces es elevar el agua subterránea para nutrir el árbol, y la dirección del viento en la tierra se determina por su dirección en el cielo. Es decir, las raíces no atraviesan las rocas que encuentran en su camino, ni el viento atraviesa los edificios para mantener su dirección. Ambos rodean los obstáculos para llegar a su meta. Igualmente, actuar como el viento no significa “moverse según el viento que sople” sino ser leal a las directrices del Cielo, lo Creativo. “Tener una meta definida” no significa que hay que determinar de antemano el camino a recorrer para encontrar lo que necesitamos para nutrir nuestro ser. Siempre es gracias a la insistente penetración en nuestro interior que logramos que “se dispersen las nubes acumuladas” y que “nuestras raíces encuentren alimento” en la Fuente Vital del Elemento Agua.  
Así que, en este hexagrama se explica cómo recibimos los estímulos de las fuerzas creativas que afluyen hacia nosotros desde las profundidades de nuestro ser. Por eso, la posibilidad de que nos perdamos en lo que I Ching llama “la lucha y el torbellino de la feria” del mundo, disminuye en la medida en que nos “enchufamos” a la dinámica Madera-Tierra-Agua cuya dirección corresponde al “brazo de Madera” en el Ciclo Cosmológico.

Pero si nos perdemos…

Nos perdemos si rechazamos el “brazo” del Elemento Madera al pretender encontrar alimento en las aguas contaminadas del tercer círculo vicioso y cuando nos apoyamos en las arenas movedizas del mismo. Rechazamos la ayuda de los Elementos Madera y Agua debido a las prisas, el agotamiento y la falta de tiempo que son inherentes al orden del mundo. Además, el abuso de poder causado por el poder del ego, puede producir tanta inseguridad existencial que, por miedo a las consecuencias, renegamos de nosotros mismos. Luego, perdemos así nuestro libre albedrío por lo que un piloto automático conduce nuestras vidas.
Cuando renegamos de nosotros mismos, el Elemento Agua desequilibrado (miedo) toma el poder sobre su “Hijo” (Madera) y “Abuelo” (Tierra). Entonces, no escuchamos el sincero sentir de nuestro verdadero ser por lo que nos mantenemos alejados del Elemento Madera y continuamos contaminando el agua de nuestra Fuente Vital. Incluso, podemos llegar así a oponernos activamente a nuestro verdadero ser (Madera) y asfixiar a lo Creativo (Agua), como señalen las flechas gruesas en el pentágono (ver segunda imagen, más abajo).
Nos perdemos, bien porque nuestros miedos no nos permiten ser leales a nosotros mismos, ó porque otros nos lo impiden al utilizar el miedo para amedrentarnos. Debido al miedo nos adaptamos a los criterios reinantes en nuestro entorno y podemos llegar a actuar de forma opuesta a nuestro verdadero ser, sabiéndolo pero también inconscientemente. Al obstruirse la conexión con lo Creativo en nuestro interior, poco a poco nos volvemos insensibles por lo que podemos llegar a tragárnoslo todo porque “el-mundo-es-así” y llegar a culpar otros de nuestra falta de autonomía y libertad, en vez de reconocer que hemos perdido nuestro libre albedrío y poner manos a la obra de recuperarlo.  
Esforzándonos por adaptarnos a las reglas arbitrarias del poder reinante, nos hacemos sordos hacia los avisos del sentido de la justicia hasta poder olvidarnos de las normas imparciales de este juez en nuestro interior. De ahí que la dinámica propia del poder lleva a la corrupción y que, especialmente en los ámbitos del poder, muchos actúan de modo claramente injusto e indecente. El “olvido” de lo que es justo, o no, es muy común entre las personas que tienen poder pero, al adaptarnos al orden del mundo, este olvido se difunde además en el ámbito laboral y familiar.
“Como es arriba es abajo,” dice la medicina china, refiriéndose al orden del Tao que determina la relación común que existe entre el macrocosmos y el microcosmos. No obstante, cualquier otro orden se rige también por esta ley de vida. Por ejemplo, si las condiciones laborales se determinan por un sistema piramidal, los trabajadores reproducen automáticamente las actitudes autoritarias en su vida familiar y adoptan los métodos y los criterios de sus jefes en su relación con la pareja y los hijos. Además, los hijos reproducen en sus relaciones con otros niños el trato que reciben en su entorno familiar, por lo que la herencia del abuso de poder continúa determinando la convivencia en la sociedad actual.
Para poder regirnos por las normas propias del ser humano en la convivencia familiar, hay que tomar conciencia de las injusticias que cometen con nosotros y de las que cometemos debido a reglamentos laborales que van en contra del sentido común y del sentido de la justicia. Para actuar en la vida privada con amor, sinceridad, justicia, comprensión y responsabilidad, hay que respetar la libertad interior (Madera) que posibilita que cultivemos nuestra humanidad. Las condiciones que se generan gracias a las influencias beneficiosas de los Elementos Madera y Agua, sirven para arraigarnos en nuestro ser. Si nos abrimos a sus influencias afianzamos nuestro libre albedrío, al incrementarse así nuestra conciencia y libertad de criterio.

Pasamos a menudo por este cuarto círculo vicioso

En la medida en que nos alejamos de nosotros mismos, nos sentimos inseguros, desconfiados, inquietos, frustrados, insatisfechos, enfadados, irritables y poco libres. Si al sentirnos así, no nos paramos para preguntarnos lo que nos pasa o no nos tomamos el tiempo para aclararnos, podemos continuar perdiéndonos hasta que la Vida nos para a la fuerza mediante un accidente, una enfermedad u otro suceso impactante que rompe nuestras esquemas y nos despierta de la desidia.
Sin embargo, antes de llegar a perdernos de verdad, pasamos muchas veces por las condiciones creadas en la dinámica Agua-Madera-Tierra. Precisamente para evitar que nos perdamos, la Vida nos avisa de cualquier desvío mediante la activación de este triángulo. Sólo si no nos centramos para superar las dificultades específicas que se manifiestan en él, nos podemos enredar hasta tal punto que el piloto automático llegue a tomar el mando sobre nuestras vidas.
Las dificultades específicas que surgen en este cuarto círculo vicioso tienen que ver con la toma de conciencia de los miedos (Agua desequilibrado) que determinan nuestra vida. Podremos liberarnos de estos miedos con la ayuda de las fuerzas primordiales que se activan en el triángulo correspondiente al cuarto círculo vicioso. Es decir, siendo sinceros con nosotros mismos, podremos penetrar suavemente en nuestro interior con la ayuda del Elemento Madera, la naturaleza y el calor humano. Experimentaremos así cómo afluyen las influencias beneficiosas de lo Creativo del Agua gracias a los procesos naturales impulsados por el Elemento Madera.

c estar perdido

El círculo vicioso del estar perdido

En cambio, si reprimimos y maquinamos nuestros miedos profundos, nos tragamos las dificultades que surgen en este círculo vicioso, peleándonos con las circunstancias. Entonces, actuamos en contra de los procesos naturales y rechazamos la ayuda de lo Creativo, tal como señalan las flechas de color rojo en la imagen del pentágono.
Damos así lugar a que el piloto automático conduzca nuestra vida por lo que nuestra inconsciencia aumentará paulatinamente. Podemos vivir así durante años, y llegar a tragarnos de todo y manifestar nuestro malestar sólo cuando nos sentimos arropados y avalentados por el grupo o la masa, por sustancias estimulantes como el alcohol o las drogas, y por el anonimato. De esta manera nos aislamos y enmascaramos nuestro sufrimiento cada vez más, hasta que la tensión acumulada en nuestro interior hace que explotemos en el quinto círculo vicioso, el de la violencia.

La “lanza” en este círculo vicioso apunta a uno mismo (Tierra)

Como muestra la imagen del triángulo Agua-Madera-Tierra, su “lanza” apunta al Elemento Tierra. Esto indica que dentro de la persona (Tierra) se acumula toda la “basura” generada por el poder del ego y por el rechazo de las influencias beneficiosas de los Elementos Agua y Madera en los dos primeros círculos viciosos.
Si uno mismo se responsabiliza de esta basura, podrá reciclarla con la ayuda de los procesos naturales (Madera) y de las aportaciones de lo Creativo (Agua). Al abrirse interiormente, se dará cuenta del estado vital de su alma (Madera) y de su espíritu (Agua) y podrá percibir las indicaciones de lo Creativo. Éstas le enseñarán a actuar en consonancia con el proceso natural de reciclaje para recobrar así su verdadera identidad y su libre albedrío.
Nos sentimos aprisionados cuando renegamos de nuestro verdadero ser. Entonces, la inminente animación orgánica que determina la sucesión de los círculos viciosos, activa a la misma vez los Elementos cuya naturaleza se determina por lo Receptivo mediante la dinámica Agua-Madera-Tierra del cuarto círculo vicioso. Al activar así nuestra receptividad, percibimos las influencias que rechazamos antes de enredarnos en los tentáculos del ego. Como hemos visto, en el primer círculo vicioso rechazamos (Tierra) las influencias beneficiosas de nuestra Fuente Vital (Agua) y en el segundo rechazamos las de nuestra esencia (Madera).
Cuando se activan a la misma vez los Elementos Agua, Madera y Tierra, se facilita recuperar nuestro verdadero ser al darnos cuenta que nuestro estado vital (Tierra) nos pide pararnos en el estado receptivo trigrama montana Montaña, por ejemplo mediante actividades como yoga, taichí, meditación,... Si nos paramos, podremos aprovechar esta dinámica al abrirnos hacia las influencias beneficiosas de la naturaleza y del calor humano (Madera) que nos conducen hacia la Fuente Vital del Agua en nuestro interior.

Mi propia experiencia con el cuarto círculo vicioso

En los tres años previos al darme cuenta que un piloto automático conducía mi vida y que éste me llevaba a un callejón sin salida, me paré varias veces porque “sabía” que algo no iba bien. Pero en aquel entonces no supe que para aclararme tuviera que consultar mi interior (Agua). Pensé que para despejar mis dudas tuviera que consultarlas con amigos y compañeros de trabajo (Metal). Estaba convencida de que sólo ellos pudieran darme consejos válidos al tener una visión objetiva de mí. ¡Qué equivocada estaba! Ahora sé que justamente por intentar ser “objetiva” perdí el camino. Había dado un poder descomunal a mi mente y no respetaba para nada mi sincero sentir.
Cada vez que me preguntaba cosas, me dejé convencer de que sí valía para mi trabajo, que sólo tendría que responsabilizarme menos. Mi profesión consistió en solucionar los problemas en un barrio marginado al mejorar las condiciones de vida de los vecinos. Nos dedicamos a la educación social mediante actividades en grupos de diferentes edades e intereses y promoviendo los cambios que exigían. Con ello pretendimos llevar la paz al barrio pero podría ser que, en realidad, fomentábamos así las luchas de poder.
En los últimos años, las condiciones de trabajo se estaban complicando cada vez más. Unas complicaciones que nadie se podía explicar. Trabajamos a tope según las metas y las rutas establecidas, pero era como si una fuerza externa se hubiera empeñado en destruir todo lo que se había construido. Finalmente, sentí que en vez de llevar la paz, habíamos traído la guerra al barrio. Y no entendí en absoluto a qué se debía eso.
Se me cayó el mundo encima y, como sé ahora, la inminente animación orgánica del cuarto círculo vicioso me paró. Cuando volví al trabajo después de unas vacaciones, me sentí incapaz de subir la escalera que llevaba a la sala de reuniones, y me desmayé en el tercer escalón. Fundida, me dieron la baja laboral por lo que tenía tiempo para mí y, al no hacer nada durante meses, un día me di cuenta que yo no conocía a la persona que había hecho ese trabajo. No la conocía ni la entendía; no comprendí absolutamente nada de lo había sido hasta aquel entonces mi profesión.
No sabía quién era yo, no sabía lo que me gustaba, o no. Aunque nunca había sido miedosa, ahora un miedo indefinido me paralizaba. No me fiaba de mí misma, lo único que sabía fue que tendría que empezar de cero para encontrarme. Empezar de nuevo en otro ambiente donde pudiera ir descubriendo quién era yo y, en vez de luchar con los problemas, guiarme por lo que me sintiera bien. De alguna manera supe que, siendo sincera conmigo misma, respetando mis limitaciones y afrontando lo que la vida pusiera en mi camino, podría lograrlo.

Mis consultas al I Ching

Para mí, la consulta del oráculo del I Ching ha sido imprescindible para afrontar y superar las dificultades interiores que me habían llevado al callejón sin salida donde mi piloto automático se estrelló. Gracias a las lecciones y comentarios de I Ching, me di cuenta que yo misma no me permitía casi nada al “verme” a través de los ojos de otros y al obligarme constantemente a traspasar mis límites, intentando “atravesar las rocas” en el camino.
Casi toda la vida había intentado controlarme para acoplarme a los criterios de la gente que quería y a los códigos de conducta en mi entorno y de mi profesión. Pensé que sólo restringiendo mi libertad, sería posible dar “lo bueno” de mí. Pero, en cambio, yo me quedé con lo malo, las dificultades acumuladas en mi interior, que tuve que afrontar y superar para poder reciclar mi basura.
La idea de tener la obligación de restringir mi libertad se me ocurrió de modo consciente, a consecuencia de una vivencia que me marcó profundamente. Fue a la edad de unos siete años. Estábamos comiendo en familia y charlando tranquilamente hasta que yo hice un comentario inocente que cambió todo. Mis padres se asustaron muchísimo, medio saltaron de sus sillas, se miraron con los ojos llenos de terror y, muy confusos y abatidos, se preguntaron ¡¿de quién tiene la niña esas cosas?! Supe que mi comentario había venido de muy dentro de mí; me quedé petrificada y tomé una decisión transcendente. No quería hacer daño ni asustar a nadie. Así que, si yo era un bicho raro de otro planeta, tendría que tener mucho cuidado, descubrir cuál era el terreno marcado por la vida en la Tierra y aprender a moverme dentro de sus fronteras.
A partir de entonces, cargué con muchísimas responsabilidades ilícitas hasta llegar a perderme del todo. Eso fue el detonante de la recuperación de mi identidad. Era evidente que ya no me quedaba ningún otro camino que la soledad y partir del no-saber. Fui al encuentro de mí misma con la ayuda del oráculo del I Ching. Las lecciones puntuales en forma de los hexagramas que salieron en respuesta a mis preguntas, me enseñaron a ser leal a mí misma y me reeducaron a fondo. Al poder consultarle cualquier cosa que despertara mi inseguridad -lo que fue al principio casi todo- y al aprender a vivir en consonancia con las fuerzas naturales, se desbloqueó la Fuente Vital en mi interior.

Cuando consultas este oráculo (ver I Ching, pp. 456, 457), sale un hexagrama relacionado con la situación en la que te encuentras en ese momento. En el texto correspondiente, I Ching aclara cuáles son las fuerzas naturales que se han activado, y cómo habría de actuar para recibir sus influencias beneficiosas. Si no entendí lo que me quería decir, resultó que sus mensajes sí actuaban en mi interior y que, al seguir sus consejos y observar lo que ocurría en el curso del día, al cabo de algún tiempo sí pude entender a qué se había referido en su respuesta. Gracias a la sabiduría de I Ching, pude afrontar con sinceridad interior las dificultades que la vida ponía en mi camino. Resultó que volvía a empezar desde la niña de siete años que tomó una decisión equivocada cuando pensó que era un bicho raro.
Después, la vida me ha mostrado que muchos se sintieron “bichos raros” antes de tomar la decisión de ser leales a sí mismos. Y que, al permitirse ser “egoístas”, todos descubren que los bichos raros de este mundo comparten muchísimos valores. Resulta que los humanos que respetan su ser único, son raros en el orden egoísta del mundo. Sin embargo, al tomar la responsabilidad de su vida y cultivar su verdadero ser, todos ellos se dan cuenta de que no están solos en el mundo sino que comparten lo esencial de su ser con los demás seres humanos.
Este hecho se explica al leer el hexagrama que sale gracias al “brazo” del Elemento Madera. Es el hexagrama formado por el trigrama Viento en la base y el trigrama Agua al tope, nº 48: El Pozo de Agua. El Pozo es el símbolo de la organización social de la humanidad. En él I Ching dice lo siguiente: “Las formaciones políticas y las naciones cambian, pero la vida de los hombres con sus exigencias sigue siendo eternamente la misma. Por diversas que sean las inclinaciones y las formaciones de las personas, la naturaleza humana en sus fundamentos es la misma en todos los casos.”

 

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