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3. El poder de la mente. 1er Círculo vicioso

Publicado el Martes, 31 Mayo 2011
Última actualización en Viernes, 18 Noviembre 2016

Hemos visto que perdemos el equilibrio Yin-Yang debido a que “lo Receptivo quiere avanzar por sí mismo.” Esto ocurre cuando la vertiente Yang del Fuego, la mente, toma el mando sobre nuestra vida en vez del sincero sentir del corazón, lo Receptivo, que nos conecta con lo Creativo del Agua. La mente usurpa la función directiva de lo Creativo al faltarle las directrices y las indicaciones de lo Creativo que percibimos en nuestro interior cuando nos guiamos por nuestro sincero sentir. Este primer círculo vicioso surge cuando nuestra impaciencia y pre-potencia desequilibra al Elemento Fuego y éste toma el poder sobre su “Hijo” (Tierra) y “Abuelo” (Agua).

La impaciencia impide la percepción de los frutos de la circulación fluida (8) generada por la interacción Agua-Fuego en el eje vertical del Ciclo Cosmológico. Como muestra la secuencia de los Elementos en el pentágono, el Elemento Tierra se desvincula de esta dinámica y, en vez de abrirse a las influencias beneficiosas del Elemento Agua, intenta manipularlas en el Ciclo de Control. No somos conscientes de que el mantenerse en el centro de la interacción Agua-Fuego permite el continuo re-engendramiento de la vitalidad gracias a los estímulos de lo Creativo en nuestro interior. Las influencias del mundo nos hacen olvidar que al guiarnos por las indicaciones de lo Creativo, se crean las condiciones vitales en las que nuestro verdadero ser se nutre, se regula, se renueva y se vitaliza constantemente y encuentra su camino en el mundo.
El ser humano es probablemente el único ser que puede decidir no abrirse a los estímulos que afluyen hacia él desde las profundidades de las fuerzas creativas en su interior. Al poseer una mente capaz de cambiar las condiciones de vida, podemos abusar de este poder y pensar que se puede avanzar sin escuchar la voz de nuestra conciencia interior, lo Creativo. I Ching habla de este error humano en los hexagramas que tratan de las fuerzas primordiales Agua y Fuego: lo Abismal (nº 29) y lo Adherente (nº 30).

El trigrama Agua trigrama agua muestra que lo Creativo dirige (2ª línea) el movimiento del Agua cuya naturaleza (1ª línea) y acciones (3ª línea) se determinan por lo Receptivo. Según el hexagrama lo Abismal, aplicado al ser humano la segunda línea representa el corazón encerrado en el cuerpo, lo luminoso contenido en lo oscuro, la razón. Señala una situación objetiva que esconde un peligro. Este peligro se simboliza como barranco o quebrada, “como un estado en el que uno se halla como el agua en una quebrada, de la cual se logra salir igual que el agua si se adopta una adecuada conducta.”
El agua enseña la conducta correcta en tales condiciones. “Fluye y fluye y rellena todos los lugares por los que pasa hasta sus bordes y nada más; no retrocede ante ningún sitio peligroso, ante ninguna caída, y nada le hace perder su índole propia esencial. En todas las circunstancias permanece leal a sí misma. Así la veracidad hace que en circunstancias difíciles uno perciba interiormente, con el corazón, el fondo de la situación. Y una vez que se ha llegado a ser interiormente dueño de una situación, fácilmente se logrará por sí mismo que las acciones exteriores se vean acompañadas por el éxito.” Ver también “El dueño de nuestra situación” (libro La Vida Es… pp. 217-219).

El trigrama Fuego trigrama fuego muestra que lo Receptivo, el corazón, dirige el movimiento del Fuego y que su naturaleza y sus acciones se determinan por las cualidades creativas de la mente. En el hexagrama lo Adherente, I Ching explica que este trigrama significa “estar adherido a algo”, “estar condicionado”, “basarse en algo”, “claridad”. La claridad del Fuego está condicionada por aquello a lo que se adhiere. Sólo si su llama se adhiere a algo consistente, como una antorcha, está en condiciones de iluminar de un modo duradero. Si se adhiere por ejemplo a la paja, el humo enturbia la visión y, en el mejor de los casos, el fuego se apaga pronto pero, en el peor, destruye toda la vida a su alrededor. I Ching resalta aquí que lo consistente es fruto del indagar con perseverancia en nuestro interior.
I Ching recomienda en este hexagrama dedicarse al cuidado de “la vaca” símbolo de máxima docilidad. Advierte de que el ser humano no es independiente sino que su condición vital se determina por lo Receptivo de la Tierra. Dice así: “Al reconocer este condicionamiento y al entrar en dependencia de las fuerzas armoniosas y benignas del orden universal, el hombre adhiere a lo recto, y por consiguiente es apto para modelar al mundo. Esta voluntaria dependencia logrará una claridad nada hiriente y encontrará su puesto en el mundo.”

La confianza y el miedo

Adquirimos confianza en nosotros mismos y en la vida en la medida en que tomamos conciencia de nuestra dependencia de los estímulos que afluyen hacia nosotros desde las profundidades de las fuerzas creativas en nuestro interior. En el estado receptivo Montaña, estos estímulos fomentan que experimentemos que el fluir del Agua despeja nuestras dudas y trae soluciones sorprendentes gracias a las cuales superamos nuestras dificultades. Tomamos así conciencia de que nuestra mente no está sola ante el peligro. Si la mente va de la mano del corazón en busca de las indicaciones de lo Creativo, nos damos cuenta que lo Receptivo no tiene ninguna necesidad de avanzar por sí mismo. Únicamente hace falta reconocer este hecho y practicar la conducta del agua para aprender a afrontar cualquier circunstancia difícil sin miedo.
Si nos acecha un peligro real, lo percibimos gracias a los avisos de las fuerzas creativas en nuestro interior. Para superar la inseguridad y el miedo es importante tomar también conciencia de este hecho. Estos avisos proceden del Trueno (Metal), son los estímulos sensitivos e intuitivos y las sensaciones que emanan por sí solas desde las profundidades de las fuerzas creativas en nuestro interior. Todos conocemos estos avisos, date cuenta de la cantidad de veces que ojalá les hubieras hecho caso… Sabemos mucho más de lo que pensamos. Escuchándonos, cultivamos esta sensibilidad genuina que da la confianza interior que nos permite vivir el presente y limitarnos a prestar toda nuestra atención a lo que estamos haciendo en cada momento.
El miedo que procede de la mente, no es nada objetivo ni razonable sino fruto de los pensamientos y sentimientos negativos. Para afrontar las dificultades sin miedo es importante darnos cuenta de que nuestra mente se basa a menudo en prejuicios. Si nos paramos para observar los motivos del “trajinar autónomo” de la mente, nos damos cuenta que su mayor estímulo es el miedo a lo que podría ocurrir. Una vez que te paras para observar los motivos y los argumentos de tu actividad mental, te darás cuenta de muchas cosas reveladoras sobre la presunta racionalidad e inteligencia de la mente.

El papel que damos a la mente

A la mente no le gusta para nada el papel que el orden del mundo le ha dado. Por sí misma, la mente no controlaría al corazón sino que se iría de viaje con él. Lo que motiva de verdad a la mente es su curiosidad, sus ganas de explorar, de experimentar y de investigar. La mente quiere saber y comprender, quiere descubrir cosas nuevas, no planear y fijar nuestro futuro. Los instigadores de su malformación son la naturaleza activa, inestable e impaciente de la llama del Elemento Fuego, en combinación con nuestros sentimientos negativos. En realidad le atosigamos, por un lado, con nuestras dudas, inseguridades y miedos y, por otro, con nuestros deseos, caprichos y exigencias.
Queriendo complacernos e intentando evitar que suframos, la mente trabaja duro y maquina todo tipo de cosas que le desvían de su verdadera vocación. Un trabajo pesado que no le satisface, pero en la medida en que le exigimos crear las circunstancias que nos gustarían, la mente adquiere poder sobre nuestra vida y piensa que la función que le hemos dado es imprescindible. Y eso es su perdición y la nuestra, ya que alimentamos así al ego cuya capacidad de engañar a la mente es enorme.
La mente se engaña al aceptar el “encargo nuestro” de crear las condiciones de vida que nos gustarían. Si antes de poner manos a la obra hubiera consultado al corazón, no habría aceptado este encargo porque en el corazón sabemos que hay que afrontar las dudas y las dificultades para aprender de la vida y para llegar a conocernos. Si no es el corazón, será lo Creativo que nos enseña que no hay que tener miedo al fracaso ni al dolor, que todas nuestras vivencias sirven para conocernos mejor, reconocer nuestras limitaciones, darnos cuenta de nuestros valores, discernir el bien del mal, cultivar nuestras cualidades, incrementar nuestras habilidades y poder superarnos explorando nuestras dificultades y cultivando nuestras potencialidades. Si escucha al corazón, la mente no se deja engañar por el ego que sólo busca reafirmar su poder a costa nuestra.
Si la mente se deja engañar por el afán de poder del ego, utiliza su creatividad para construir castillos de naipes y explota sus habilidades para defender estos castillos. Por sí misma, la mente no sabe que, tanto para renovarse como para encontrar nuevos recursos, necesita bajar a la fuente originaria de su conocimiento e ir de la mano del corazón para abrirse a los estímulos que emanan de las fuerzas creativos en nuestro interior.
A solas, la mente no puede abrirse. Para ello tiene que ir de la mano del corazón. Y sin la compañía de la mente, el corazón no puede tomar conciencia de las directrices e indicaciones de lo Creativo. También el corazón y la mente son fuerzas opuestas y complementarias. El corazón es de naturaleza receptiva y la mente es de naturaleza creativa. Interactuando entre sí, son capaces de crear una vida nueva nutriendo, renovando y vitalizando la vieja, como así sucede en el cuerpo gracias a la regeneración celular.

Pobre mente

Aunque en realidad la mente se encuentra muy sola y abandonada, al creerse igual a la Fuente Vital de lo Creativo, no busca la compañía del corazón para ir a por la renovación y el incremento de sus conocimientos y recursos. El orgullo del ego hace que no se dé cuenta de su necesidad de alimento consistente y que se empeñe en apañárselas con los datos y recursos conocidos. Al no renovarse, experimenta que está perdiendo facultades y que no encuentra lo que necesita para resolver nuestras dificultades por lo que se pone a trabajar sin descanso maquinando de todo para quitar de en medio los problemas que se acumulan sin parar.
Además, siempre que su compañero, el corazón, intenta ayudarle dándole la mano, rechaza ésta pensando: “no tengo tiempo para tonterías, lo que yo tengo que hacer es primordial.” Así que, está cada vez más inquieta y ansiosa y, aunque su compañero percibe que lo que está haciendo son variaciones de lo mismo y que la historia se repite una y otra vez, el corazón no puede hacer nada porque la mente no le escucha.
De esta manera se instaura el círculo vicioso entre los Elementos Fuego, Tierra y Agua que se ve representado por las flechas rojas en la imagen. La flecha que va del Fuego al Agua indica que la mente se opone a la dirección de lo Creativo del Agua, anulándola, por lo que las influencias beneficiosas del Elemento Agua se obstruyen. Y las flechas que van del Elemento Tierra al Elemento Agua indican que la persona rechaza las aportaciones de su Fuente Vital (lo Creativo) e intenta manipularlas.

¿Qué hace este círculo vicioso con nosotros?

Al ejercer la mente el poder directivo que corresponde por naturaleza a lo Creativo, las influencias del Elemento Agua se debilitan y las influencias del Elemento Fuego se desequilibran al activarse la mente en detrimento del corazón. A consecuencia de esta dinámica, la persona (Tierra) se va a dirigir cada vez más por las especulaciones y los cálculos de su mente, y menos por el amor y el sincero sentir de su corazón. Al disminuir así la conciencia de sí, uno se desequilibra emocionalmente.

c poder mente

El círculo vicioso del poder de la mente

Si la mente dirige nuestra vida, nos escuchamos cada vez menos y nos agobiamos cada vez más. Por eso, si “lo Receptivo avanza por sí mismo” nuestro estado vital (Elemento Tierra) se caracteriza por dar muchas vueltas a la cabeza, no descansar bien, preocuparse en exceso, agobiarse y agobiar a los demás, y estresarse con facilidad.
Teniendo en cuenta las influencias beneficiosas del Elemento al que señala la “punta de lanza” del triángulo en la imagen, se revela que la dinámica de este círculo vicioso obstruye las aportaciones del Agua por lo que la sinceridad y la confianza disminuyen. Por eso, la Insuficiencia del Elemento Agua produce miedo.
El Agua (Yin) es el Abuelo del Fuego (Yang) por lo que su Insuficiencia hace que el Fuego vaya a padecer un Exceso de Yang, cuya emoción negativa es la ansiedad. Ésta se debe al aumento de pensamientos y sentimientos negativos generados por el deterioro de la sinceridad y por la falta de directrices fiables (lo Creativo). Y al disminuir la conciencia de los sentimientos íntimos, se reduce la capacidad general de tomar conciencia por lo que los miedos aumentan.
Faltándonos amor, sinceridad y confianza y teniendo miedo, se dificulta el tomar conciencia de la realidad por lo que la hiperactividad mental (Madre de Tierra) afecta a nuestra capacidad de reflexión y de autorrealización. De modo que este cúmulo de disfunciones hace que nos congestionemos, lo cual se manifiesta mediante un aumento de preocupaciones que pueden llegar a convertirse en obsesiones y fobias, los estados emocionales negativos del Elemento Tierra.

Las condiciones vitales que se generan al obstruirse las influencias beneficiosas del Elemento Agua, nos hacen sentirnos muy solos y abandonados. Dado que ningún ser humano puede soportar la falta de amor y de cobijo interior, la soledad puede hacer que nos paremos en el estado receptivo Montaña para centrarnos, o bien que busquemos con ansia todo tipo de sustitutos para llenar este vacío.
Pero, como dice I Ching: “la fuerza de lo Creativo es enorme y no deja de estimularnos nunca.” Por eso, aunque nos distraemos de nuestra esencia, apenas nos escuchamos y renegamos de nosotros mismos, lo Creativo no se calla nunca. Como no se calla, siempre que nos encontremos en esta situación, nos sentiremos inquietos e insatisfechos y tendremos la necesidad de hacer “algo”.
Gracias a la fuerza y la perseverancia de lo Creativo, normalmente, intentamos encontrar un término medio entre lo que nos pide el corazón y lo que nos exige la mente. De ahí las luchas internas y, también, las luchas de poder. Entonces, este círculo vicioso es menos destructivo. Comprender el fondo de la cuestión, puede servir para que nuestra mente se relaje, confíe y deje de crear este embrollo inútil que ni siquiera a ella misma le satisface. Entonces, la mente podrá dedicarse a su vocación, la de desenredar nuestros problemas con paciencia y esclarecer sus causas a fin de superarlos.

Podremos así darnos cuenta de que son las contradicciones interiores las que originan nuestra lucha, pero que éstas, en palabras de I Ching, “surgen de la plenitud de aquello que se debate por lograr su forma.” En el hexagrama 3: La Dificultad Inicial, explica que es normal que haya “dificultades en los periodos de formación cuando todo se encuentra todavía informe y oscuro.” Entre otras aclaraciones, I Ching dice así: “Dentro del caos de La Dificultad Inicial ya están dados los gérmenes del orden. Así, en tales épocas iniciales, el noble debe estructurar y ordenar la inabarcable y confusa plenitud, tal como van desvaneciéndose las hebras de una madeja de seda y uniéndose en hilos.”
Este hexagrama está formado por el trigrama Trueno (Metal) en la base y el trigrama Agua al tope. La interacción entre estas fuerzas primordiales corresponde al inicio de la dinámica de nutrición en el Ciclo Cosmológico, cuando interiorizamos nuestras vivencias manteniéndonos en el centro de la interacción Metal-Agua.

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